Lucas Ezequiel Ojeda

No se puede engañar al inconsciente


Hace un mes que empecé a leer libros de Jung y desearia haberlo hecho mucho antes en mi vida

Tenía y tengo mis prejuicios y juicios hacia el psicoanálisis pero hasta estas semanas no sabía que Jung cortó su relación personal con Freud a principios del siglo 20, antes de siquiera hacer algunos de sus trabajos más importantes. Una de las razones fue su desacuerdo con la teoría sexual de Freud, algo que cuenta en Recuerdos, Sueños, Pensamientos, su libro autobiográfico.

Producto de la segunda mayor crisis existencial en mi vida (y espero la última, al menos de este calibre) encontré los límites de la ciencia moderna y el racionalismo absoluto, que priman en nuestra época, en cuanto a mi identidad. El terreno estaba fértil para ideas como las de Jung. Quizás si lo hubiese encontrado antes simplemente lo hubiera descartado como espiritualidad sin sentido, típico de mi yo más joven y arrogante.

Empecé leyendo El Libro Rojo, escrito durante la primera guerra mundial alrededor de 1914. Me encontré con que era demasiado complicado y esotérico ya que fue escrito durante la confrontación de Jung con su inconsciente y contiene numerosas metáforas, simbolismo y sueños sin brindar demasiado contexto. Siguiendo recomendaciones, lo pausé, comencé por el El Hombre y sus Símbolos y luego Recuerdos, Sueños, Pensamientos-

Entre las cosas más importantes que me llevo de sus ideas es el no subestimar el inconsciente, su importancia, aprender a conectar con el mismo, escucharlo y no ignorarlo. Por algo es uno de los consejos que daría a mi yo de 18 años.

Inconsciente, intuición, instinto, “corazonada”… son todas palabras que refieren aproximadamente al mismo fenómeno psíquico. El origen de ideas, pensamientos, planes, miedos, etc. que muchas veces tenemos y de los cuales somos conscientes pero no podemos explicar de donde vinieron.

Cuando él hablaba de estos temas todavía no había prueba científica de la existencia del inconsciente mismo, hoy ya sí, dando aún más crédito y haciendo aún más importante su figura, ya que a pesar del contexto él seguía 100% convencido de aquellas ideas.

Por qué digo que desearía haber encontrado estas ideas mucho antes en mi vida?

Porque brinda un marco y soporte teórico fundamental para comprender la raíz de muchos males que nos aquejan a nivel psicológico hace décadas. Que incluso están en crecimiento en numerosas partes del mundo como la ansiedad social, la depresión, la sensación de falta de propósito, la anhedonia, etc.

Constantemente creemos que deberíamos tener el control de todo cayendo en total frustración cuando nos damos cuenta que esto es literalmente imposible.

Que podemos reemplazar las actividades y estímulos con los que evolucionamos durante millones de años como sociabilizar en persona con nuestros amigos y familiares regularmente en persona con texto e imágenes en pantallas (como mucho una videollamada); mitología y rituales comunitarios que dan un sentido a la vida y a la comunidad con entretenimiento hiperindividual y refinado al gusto de cada persona; sensaciones extásicas naturales y maravillarse con el mundo con lograr estas sensaciones pero con psicoactivos; exploración del mundo real con exploración de mundos virtuales generados; comida natural con alimentos cada vez más procesados alejados de los ingredientes originales; naturaleza silvestre con espacios verdes cuidados, prolijos y diseñados; pornografía y masturbación con actividad sexual natural. Se entiende, espero.

Pero si bien es posible engañar al consciente, y aún así este también tiene su límite, no es posible engañar al inconsciente. No es posible evitar las frustraciones de no tener lo real. Son verdades incómodas. A mi no me gustan, pero ya no puedo ignorarlas.

Además de Jung hace poco leí el manifiesto completo del Unabomber que más allá de sus crímenes es innegable la cuota de verdad de lo que expresó y como muchas cosas que predecía no solo se cumplieron sino que no hicieron y hacen más que intensificarse.

Un concepto central es el de “proceso de poder”:

Los seres humanos tienen una necesidad (probablemente basada en la biología) por algo que llamaremos el «proceso de poder». […] el cual tiene cuatro elementos. Los tres más claramente delineados los llamamos finalidad, esfuerzo y logro de la finalidad. (Todo el mundo necesita tener finalidades cuyo logro requiera esfuerzo, y necesita triunfar logrando al menos alguna de sus finalidades). El cuarto elemento es más difícil de definir y puede que no sea necesario para todos. Lo llamamos autonomía […].

La conexión con lo central de este post es que es posible que este proceso de poder estuviese siempre en el inconsciente más allá de que seamos conscientes o no del mismo. Luego dice

Todos tenemos finalidades; si no hay nada más, obtener las necesidades de vida: comida, agua cualquier vestido y refugio que sean necesarios por el clima […] El no lograr finalidades importantes conlleva la muerte, si estas son necesidades físicas, y la frustración, si son compatibles con la supervivencia. Consecutivas derrotas al intentar alcanzarlas a lo largo de la vida resulta en derrotismo, baja autoestima o depresión.

Es acá donde entra otro concepto clave, las “actividades sustitorias”, una actividad que persigue directamente un objetivo artificial que las personas se imponen a sí mismas simplemente con el propósito de tener algún objetivo por el que esforzarse, o, digamos, únicamente por la satisfacción que obtienen al perseguir dicho objetivo.

Un hobbie, por ejemplo, algo que hacemos que no necesitamos para sobrevivir pero sí para estar mentalmente sanos hoy en día.

Y acá es donde vuelvo a Jung y al inconsciente… estas actividades sustitorias tienen un límite en cuanto a su capacidad de “engaño”, el distraer al consciente de lo real, lo importante. De ahí el título del post.

A algunas personas les alcanza con estas actividades sustitutorias pero en el caso de muchas otras hay algo de ellas que “les pide más”, mayor autonomía, ese cuarto elemento que menciona al definir el proceso de poder.

El necesitar “sentirse vivo” es para mi otra forma más de entender los últimos párrafos y donde me siento bastante identificado ya que desde adolescente tengo una insatisfacción constante con parte de la vida.

Los hobbies te entretienen por un rato pero llega un punto donde hay algo adentro tuyo que se aburre, que necesita lo real, el inconsciente.

No glorifico ni romantizo el pasado. Por supuesto que 8 mil millones de seres humanos no pueden volver a ser cazadores recolectores así sin más sin que haya un desastre apocalíptico en búsqueda de saciar necesidades primitivas que no podemos controlar.

Y si bien esa vida nómade tenía sus costado positivos, no me suena muy atractivo el que un tigre diente de sable me devore la pierna mientras duermo y no poder hacer nada. El punto es la importancia de ser consciente del inconsciente. Creo que es posible atenuar las frustraciones de la vida artificial sabiendo cuánta necesidad tenemos de lo real en nuestras vidas e ir en busca de ello tanto cuanto nos sea posible en vez de soportar lo artificial. Buscar las alternativas, que las hay. Aunque siento y temo que cada vez menos.

El Homo sapiens lleva alrededor de 250 mil años en la tierra y solo hace unos 10.000, aproximadamente. que abandonamos el nomadismo. Nuestro cerebro es el mismo de aquellos que pasaban sus días atrás de animales, buscando plantas, frutos y raíces comestibles, reuniéndose a la noche alrededor del fuego contando historias, teniendo miedo de lo desconocido, etcétera. Se me hace impensable que no haya resistencia y complejos producto de pretender amoldarnos a una vida cada día, año, década y siglo artificial.